‘NOCHE EN LA 23’ (EL CLUB DEL TERROR)

ilustración: Javier Tascón.

‘NOCHE EN LA 23’ es la historia con la que me estreno en El Club del Terror de Podium Podcast. Es la primera de muchas. Podréis escuchar historias originales y adaptaciones de grandes clásicos del terror.

Este trabajo no sería posible sin la participación de aquellos que escucháis. Profesionales de primera línea que dan vida a mis palabras. Este es el reparto de ‘NOCHE EN LA 23’.

Narrador (Juan Ochoa Vela)

Ivan (Carlos Piñeiro)

Gasolinero (Rafael Calvo)

Recepcionista (Rafael de la Rica)

Madre (Elisa Chia)

Raúl (Miriam Martín)

Guión, dirección y montaje: Teo Rodríguez

Grabación: Estudios Cadena Ser y Ocho Casas Estudios

Ilustración: Javier Tascón.

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AUDIORELATO: ESTOY AQUÍ

Uno desconoce el pasado que encierra una casa entre sus paredes. Un alquiler, una compra… Quizás lo mejor sea no conocerlo. Aunque quizás lo peor llegue cuando se intenta ocultar dicho pasado…

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RELATO: SE NOS FUE DE LAS MANOS

parada

Joder mi puta cabeza, fue lo primero que pensé cuando abrí los ojos. Luego me pregunté cómo cojones había acabado allí, junto a esos contenedores que apestaban a basura y a meados. Probablemente alguna de esas meadas era mía, pero lo que más me jodía de todo era poner las manos en las meadas de otros, o de perros que era peor. Aguanté sentado en el suelo unos segundos, de haber intentado levantarme de primeras, las piernas se me hubieran doblado como si en ellas no tuviera huesos. Resoplé e intenté recordar qué era lo último que había hecho.

 

“Cuando entré esta mañana y me lo contaron, pensé que todo era una broma. Tenía que ser una broma”

Rubén Marcos, Vigilante de seguridad.

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RELATO: LA CASA DE LOS TRES FANTASMAS

Casa-Abbandonata

Los hechos acontecieron en un lugar tan olvidado como la mente humana puede llegar a imaginar, en un lugar en el que respirar ya era una pista para saber que uno no se encontrara allí, solo. En aquel lugar, el silencio no era más que una cortina tras la cual se ocultaba ella

La noche era tranquila, abierta a la negrura y punteada con miles de estrellas que ejercían de brillantes testigos de lo que sucedía allí abajo. El edificio emergía retorcido en un mar de sauces llorones que proyectaban sus sombras sobre los desgastados muros. De arriba abajo, era difícil encontrar un hueco entre la hiedra, que se colaba sin compasión por todas y cada una de las ventanas del caserón.

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